El Acné asienta en las “zonas de seborrea”, es decir, en los lugares donde es mayor la cantidad de glándulas sebáceas.
Los primeros cambios se adviertenen las aletas de la nariz, luego alrededor de los pliegues nasogenianos, sigue la región fronto-central (parte central de la frente) y las superciliares, irradiando a los pómulos preauriculares (antes de las orejas), mentón y cuello.

En el cuerpo el acné se instala en la región preesternal (antes del esternón), dorso de  los hombros, prolongando a la nuca, a la zona lumbar, llegando incluso al cuero cabelludo y a la espalda completa.
En las zonas que se acaban de mencionar, la piel comienza a tomar un aspecto brillante, de un color amarillento sucio, con los poros pilosebáceos dilatados, ésta pierde su espesor normal y se engrosa.

La localización de la zona del cuerpo involucrada dependerá de los factores que intervienen en la producción del acné, ya sean hormonales, gastrointestinales, ambientales, etc.
Generalmente se asienta en zonas corporales grasas o seborreicas.
Si bien el exceso de producción de sebo es el principal factor que contribuye al acné y el estrechamiento del canal folicular como segundo factor principal que contribuye a este; también varias hormonas se han relacionado con el acné como mecanismos importantes.

Una de ellas es la testosterona, por eso también el acné localizado en pecho y espalda es más común encontrarlo en los varones.
La localización del acné puede orientar hacia probables causas de origen: así, por ejemplo, el Acné mentoniano en las niñas insinúa transtornos menstruales con alteraciones glandulares. Cuando el acné se asienta en la frente y zonas periféricas de la cara, es probable su vinculación con parásitos intestinales.